Cuando la desigualdad se siente en la salud
Durante las últimas décadas, Chile ha mostrado avances importantes en diversos indicadores de salud. Sin embargo, cuando preguntamos a las personas cómo evalúan su propio estado de salud, aparece una dimensión menos visible del bienestar: la manera en que las condiciones sociales, económicas y demográficas influyen en cómo viven y perciben su salud.
En nuestro estudio analizamos la salud subjetiva de la población adulta en Chile entre 1990 y 2019, utilizando datos de la World Values Survey de 6.700 personas. La salud subjetiva corresponde a la evaluación que cada persona realiza de su propio estado de salud. Particularmente, se refleja en la pregunta: “En una escala de 1 a 7, ¿cómo evalúa su estado de salud?”. Aunque puede parecer una medida simple, resulta relevante porque captura dimensiones del bienestar que no siempre aparecen en los diagnósticos oficiales.
Los resultados muestran que la percepción de la salud en Chile ha mejorado en términos generales. En el conjunto del período analizado, casi la mitad de las personas evaluó su salud como “buena” y un 17,3% como “muy buena”. Sin embargo, un 29,6% la calificó como “regular”, mientras que cerca del 5% la evaluó como “mala” o “muy mala”. Estas cifras muestran que, pese a una tendencia positiva, persisten diferencias importantes en la forma en que la población percibe su bienestar.
En nuestro estudio encontramos que esas diferencias no son aleatorias. Los resultados indican que la edad, el género, la educación, el ingreso y la situación laboral configuran distintas trayectorias de salud percibida. Por ejemplo, mientras alrededor del 70% de los hombres reportó una salud “buena” o “muy buena”, esta proporción fue del 61,3% entre las mujeres. También observamos una relación clara con la educación y el ingreso: a mayor nivel educativo y mejores condiciones económicas, más favorable tiende a ser la evaluación de la propia salud. Por lo tanto, más que una separación simple entre personas sanas y enfermas, lo que vemos es cómo ciertas desventajas sociales se acumulan y terminan expresándose en la vida cotidiana.
Creemos que uno de los aportes centrales del estudio es mostrar que la educación y el ingreso son determinantes especialmente consistentes a lo largo del tiempo. Esto significa que, pese a los cambios sociales, económicos y políticos ocurridos en Chile durante tres décadas, las desigualdades estructurales siguen influyendo en la forma en que las personas perciben su salud. En otras palabras, la salud no se produce únicamente en hospitales, consultorios o centros médicos. También se construye en la escuela, en el trabajo, en las pensiones, en los ingresos del hogar, en las redes de apoyo y en los entornos en los que las personas desarrollan su vida.
El estudio también analizó 479 programas sociales con enfoque en salud implementados en Chile entre 2012 y 2021. Encontramos que estos programas se vinculan principalmente con áreas como la protección social y la educación, lo cual constituye una fortaleza. De hecho, entre 2018 y 2021, el 83% de los programas de salud declaró simultáneamente contribuir a la reducción de la pobreza multidimensional y el 85,5% señaló aportar a la cohesión social y a las redes. Sin embargo, la integración con otras dimensiones sigue siendo limitada: solo un 8% declaró contribuir a mitigar la pobreza vinculada a la vivienda y al entorno, y no se observaron contribuciones en dimensiones como la educación, el trabajo y la seguridad social.
Esta brecha es relevante, porque muchos de los factores que afectan la salud cotidiana no se resuelven exclusivamente mediante prestaciones sanitarias. Una política pública orientada a mejorar la salud de la población debería también preguntarse por las condiciones sociales que hacen posible vivir con mayor bienestar. Esto implica avanzar hacia programas más integrados, capaces de articular la salud con la educación, el empleo, la protección social, la vivienda, los entornos urbanos saludables y el apoyo comunitario.
Nuestra investigación contribuye a esta discusión al mostrar que la salud subjetiva puede ser una herramienta útil para comprender mejor las desigualdades en Chile. Escuchar cómo las personas evalúan su propia salud permite identificar no solo problemas de salud, sino también condiciones sociales que afectan el bienestar. Una política de salud más efectiva no debería llegar solo cuando aparece la enfermedad, sino que debe actuar antes, reduciendo las condiciones sociales que deterioran la calidad de vida y fortaleciendo los recursos que permiten cuidar la salud a lo largo del tiempo.
Así, la salud no solo se mide por diagnósticos, tratamientos o por el acceso a servicios. También se expresa en la experiencia cotidiana de vivir con mayor o menor seguridad, autonomía y bienestar. Comprender esa relación es fundamental para diseñar políticas públicas más integrales, preventivas y justas.Fuente:
Baquedano-Rodríguez, M., Rosas-Muñoz, J., Ortega-Bastidas, J., Schilling-Norman, M. J., & Pérez-Villalobos, C. 2025. Unraveling the demographic and socioeconomic factors shaping subjective health status in Chile over three decades: Implications for health policy. BMC Public Health, 25, 694. https://doi.org/10.1186/s12889-025-21720-9